Los luctuosos sucesos de XinJiang han sido desde su origen, el producto de una verdadera guerra informacional en la que el gobierno chino, que intuía la chispa de un conflicto étnico, intentó frenar el curso de la información. Incapaz de conseguirlo incluso cerrando los servicios de SMS, reenfocó sus objetivos hacia la interpretación que se hiciera en el resto de China y en el mundo de los sucesos… con notable éxito.
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