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Web 2.0: Democracia y marcha atrás

17 mar 2008

La vivencia social de las redes no se da en una isla. Más allá de la plurarquía también hay una experiencia mediatizada, heredera degradada de la lógica democrática, que está produciendo monstruos.

Cuando Monopoly Francia decidió hacer participativa la elección de las 24 ciudades que aparecerían en su nuevo tablero, tuvo un resultado irónico: en la elección de pueblos ni siquiera aparecía París. El ganador abrumador era Moncuq, un pequeño pueblo cuyo nombre suena igual a Mon Cou (mi culo).

La lógica marketiniana y web 2.0 hacía aguas: ¿los que habían votado comprarían el nuevo tablero o era un sabotaje de nuevo tipo?

El participacionismo

A la tríada clásica (tiraníaoligarquíademocracia) la experiencia social de red añadió una más: la plurarquía. No dejaba de tener lógica que si en el nuevo mundo abierto por Internet descubríamos una nueva forma de organización política, esta nos permitiera más libertad. Pero la vivencia social de las redes no se da en una isla. También hay una experiencia mediatizada, heredera degradada de la lógica democrática.

Se trata del participacionismo, la ideología que hay bajo el discurso político de la Wikipedia, digg-menéme-reddit o la elección en myspace del representante español en Eurovisión.

La característica esencial del participacionismo es que define unas reglas de votación -normalmente para la edición colectiva de contenidos- pero no un demos; una técnica, no un sujeto.

La clave sin embargo de los sistemas políticos está siempre en el quién decide, no cómo se organiza técnicamente la decisión. Así, dejando que vote la gente (una categoría social de difícil demarcación), dejando un demos voluntariamente ambiguo, el resultado final legitima a una oligarquía participativa que presenta sus creaciones como agregado social, como expresión de las ideas de la gente.

Esta representación que no es suplantación porque ni siquiera se sabe muy bien a quién se está suplantando, funciona razonablemente bien hasta que esa oligarquía juega a romper, literalmente, el tablero. Ahí el cuestionamiento se hace insoslayable.

Moraleja

El participacionismo da una respuesta tecnológica a una pregunta política. Responde a un quién con un cómo. Esconde bajo el método la sustancia. Sólo el sujeto importa cuando de elegir se trata. Recuerden a Lincoln: por quién, para quién y de quién. Esas son las preguntas que responden a la naturaleza de cualquier gobierno… así sea virtual.

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