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Universalismo, nacionalismo y postmodernidad

04 abr 2010

El universalismo es una herencia de la teología cristiana que las Luces abrazaron con fervor. El mundo contemporáneo se construyó sobre la contradicción entre el presupuesto universalista de la razón y la lógica interesadamente diferenciadora del nacionalismo.

El resultado fue una definición de lo nacional como una excepción permanente. El habitual “pero en Argentina…“, “en este país…” o los absurdos conceptuales del tipo “la Matemática alemana” o “la Economía francesa” que surgen de forma natural del delirante oximoron “realidad nacional“.

En algunas regiones, donde el estado nacional tardó demasiado en cuajar o nunca llegó a imponerse con la fuerza ideológica a la que aspiraba, el contraste de un marco institucional nacional con una base ideológica católica (romana o griega) sigue produciendo continuos choques entre un discurso que se pretende universalmente válido (católico= universal) y las necesidades de una maquinaria política dependiente de intereses bien concretos.

El debate griego de estos meses o el rechazo social sufrido por el presidente Aznar a consecuencia de su posición en la invasión de Irak, podrían valer de ejemplo, pero también constructos ideológicos completos como el republicanismo francés o el eurocomunismo, ejemplos laicos de los continuos intentos (siempre fallidos) de articular universalismo y nacionalismo de una forma minimamente coherente.

Al final el estado necesita, especialmente en tiempos de crisis, escorar la balanza hacia el nacionalismo y la exclusión. Pero eso no quiere decir que el pensamiento social haga lo mismo. Claro que tampoco significa que el universalismo sea una alternativa y ni siquiera un aporte.

El universalista piensa de forma desubjetivada, piensa como Emperador del mundo en términos de lo universalmente bueno y aplicable. Ni se le ocurre que algo pueda ser bueno sólo para algunos y por ellos mismos. Es más le resulta sospechoso: su marco sigue siendo el de la oposición virtud-pecado. El mundo es para él un juego de suma cero donde si alguien gana con algo es porque otros pierden (o dejan de ganar). Un mundo a regular donde lo bueno ha de ser impuesto a todos y lo malo universalmente perseguido. Huelga decir que lo bueno y lo malo lo son de acuerdo a una razón supuestamente universal y única que acaba apropiándose de buena parte de los atributos teológicos del Dios cristiano.

Por ejemplo, si el universalista descubre la democracia económica y piensa que es positiva inmediatamente pasa a pensarla como sistema social global y mira al estado como la herramienta para convertirla en hegemónica.

Seguramente este sea el principal choque cultural entre los indianos y el entorno social en que nos movemos. Nuestra forma de trabajo, nuestra apuesta por la democracia económica no se justifica en su valor universal ni se hace en la perspectiva de un mundo organizado economicamente sobre cooperativas… sino por su valor para nosotros. Algo que inmediatamente se hace sospechoso para el universalismo, empeñado en recordarnos una y otra vez que nuestras opciones “no son para todo el mundo“, algo que nos resulta tan obvio como poco relevante.

Al final es otra cara del conflicto, de la incomprensión insalvable entre una Postmodernidad que hace de la diversidad una consecuencia de un mundo politeista de sujetos colectivos y saberes diferenciados y una Modernidad empeñada en imponer lo bueno y prohibir lo malo desde un estado contradictoriamente nacional y universalista al mismo tiempo.

Una vez más lógica de la abundancia frente a generación artificial de escasez.

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9 Comentarios a “Universalismo, nacionalismo y postmodernidad”

  1. gretel

    Si… los buenos y los malos es consecuencia de las religiones monoteístas… en España eres bueno o malo según a lo que suenes… en lugar de atomizarte en el montón de frases que otorgas al oyente… No, aquí te fusilan en cuarto y medio de telediario si el global les suena a diferente… eres tonto o malo (no se a cuál peor)

    Esto no pasa en Oriente… que la diversidad hace no resumir… y eso es como consecuencia en occidente ¿el nacionalismo?

    A mí no me gusta nada ser resumida, pero nada de nada… no me hizo gracia que me repoblaras los comentarios… me pareció muy occidental, y nacionalista… pero sigo pensando eres coherente en la filosofía web al llevar la idea de cooperación a la práctica (los demás a lo mejor es que no saben, no que no puedan)

    No digo más… ¿como llevar a la práctica económica la cooperación y cooperativismo? ¿se puede sin mitología?

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  2. Gonzalo Martín

    Bueno, como soy de los que ha dicho algunas veces “no es para todo el mundo” hago una nota. No me parece evidente ni obvio que el desarrollo conceptual indiano no pueda ser visto como una propuesta “universalista”. Alguien del entorno indiano me dijo una vez que si no es filé, ¿entonces qué?. Quiero decir que el propio enunciado y defensa de una propuesta conlleva la expresión de su bondad y, por tanto, su posibilidad de generalización o de percepción como generalizable, al menos de propagación como alternativa “de primera”. Si es buena para unos, ¿por qué no iba a ser buena para otros? Como además se aspira a tener relaciones con otras organizaciones que compartan la manera de ver el mundo, es casi inevitable presentar la opción como una opción con elementos de superioridad sobre otras, al menos con fe en ellos porque si no se cree en ellos se buscarían otros. La trampa intelectual sucede, como se indica, cuando se piensa que sólo existe una única solución a un problema, mucho más a la hora de construir organizaciones. Pero, inocentemente, cuando servidor indica “no es para todo el mundo” es porque el tipo de debates abiertos son, curiosamente, para todo el mundo (en el sentido de que afectan a aspectos esenciales de la vida de cualquiera) y al debatir las soluciones cualquiera podemos encontrarnos conque algunos aspectos sí son de aplicación sencilla para el interesado, mientras que otros son hasta inviables. Pero, yendo más allá, el sentido de “no es para todo el mundo” creo que no proviene, al menos en mi caso, de una observación de las soluciones, sino de la preparación mental de quien decide adoptar las soluciones o aspirar a indiano. Me explico: volviendo al debate sobre cómo mejorar y “seleccionar” a los idóneos para el proceso de aprendizaje es sencillo caer en un efecto halo o de pasión, es decir, la atracción por determinados aspectos oculta las consecuencias de los “precios” o las implicaciones de determinado estilo de vida, especialmente frente a lo que se puede encontrar fuera. Es decir, el individuo puede resultar apto para el cooperativismo, pero a lo mejor no para la solución indiana. Sus motivaciones vitales son diferentes y es entonces cuando “no es para todo el mundo” y es algo que no ha descubierto o ni siquiera sabe. No ser para todo el mundo no es, por tanto, un razonamiento, al menos en mi caso, sobre la validez del conjunto, sino sobre si quien toma la decisión es consciente de lo que supone en lo que tiene de estilo de vida diferente, una conciencia que, aún teniendo la información delante, no se adquiere porque otros elementos brillan más en el primer momento y son esos los que emocionalmente crean la atracción.

    No sé si me explicado.

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  3. David de Ugarte

    Completamente! Y como tantas veces completamente de acuerdo, es normal relatar con pasión lo propio y cantar su bondad, la clave está en rechazar su universalización por principio (aunque haya cosas como el acceso a las vacunas, la libertad individual o la alfabetización cuyo acceso universal si que defendemos, aunque por motivos seguramente diferentes de los de los universalistas).

    Lo que señalas sobre el proceso de selección está en la línea de lo que yo trataba de remarcar en el último post de la bitácora del Arte: el modo de vida, en realidad los valores y el idealismo asociado a ellos es, en nuestro caso una parte importantísima a la hora de juzgar si alguien va a encajar o no en el proyecto. Y por eso la participación e interacción previa es tan importante y señala tanto: si alguien que tiene blog y escribe regularmente nunca habló de la filé (presumiblemente porque no le interesó), aquí -que todos la tenemos todo el día en la cabeza- estará condenado a ser “grajo” o cínico… es decir tomar un papel a las finales muy incómodo que a quien no tiene la moral muy clara puede acabar aconsejando malas acciones si se siente rodeado de pardillos idealistas :)

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  4. Gonzalo Martín

    Es evidente. Los valores son críticos, pero al final por sus hechos los conoceréis: en inglés he oído decir “walk the talk”.

    Aquí hay dos cosas: una, los que llegan por la red y siguen los temas de debate y que abordan o no la filé. Para mi, si el tío me interesa, que no hable de filé no lo descarta: lo que quiero es saber por qué. Y a eso dedicaré parte de la entrevista que le haga si la hago. Es decir, que no hable de ello, es una observación, pero no necesariamente una falta de aptitud para ese estilo de vida. Ni siquiera un indicador en contra. Puede ocurrir que sea el aspecto que menos ha leído o comprendido y sienta cierto reparo a manifestarlo. Puede tener causas simples sin que sus condiciones o valores sean incompatibles. O puede ser la evidencia de, precisamente, lo que teméis: por eso es un hecho a investigar, no una prueba. Puede suceder lo inverso: escribir entusiásticamente de la filé como forma de organización y, en realidad, no valer para ella.

    El riesgo del itinerario sólo por la red, creo que lo hemos comentado, es que la gente se aplica en las discusiones a repetir las tesis indianas y apoyarlas sin cuestionar. Es decir, la tendencia a quedar bien, que desde luego se nota. Es decir, para mi es un filtro para detectar unas capacidades, pero difícilmente la prueba concluyente de si los valores encajan… potencialmente. Creo que los valores reales se practican, y eso cuesta verlo en los escritos. Por eso un proceso de búsqueda de gente formalizado incidirá en entender el pasado y las decisiones que ha tomado.

    Por otro lado está el que no llega por la red, suponiendo un esfuerzo de divulgación a otros ámbitos. Que se haya planteado la filé es harto improbable. Valorarle sólo por la discusión si busca un empleo… arriesgado. Al final, en este debate sobre el acento en los valores estamos siempre en el riesgo de cambiar un énfasis por un hincapié. Son importantes, pero no nos debemos creer la idea de que tenemos capacidad para determinarlos al cien por cien, menos con un debate en texto. Sólo se ve una cara.

    Lo que a mi me inquieta para mejorar el proceso, es que la cuestión de los valores y la derterminación para seguir una vida con esos valores no esté suficientemente equilibrada con la propuesta “laboral” en la medida de que es ingenuo esperar que el aprendiz tenga tomada la decisión de que su vida sea esa con pleno conocimiento de causa. Debe atraerle. Debe tener coherencia con su conducta (real), pero no debe esperarse que lo sepa al 100%. Porque no se puede saber hasta que no se vive. Creo. De ahí que os decía que la creación de una oportunidad de trabajar y aprender excelente es una vía de atraer personas que cumplan un mínimo de estándares y tener posteriormente una revisión de quién merece o conviene que siga y quien no (hecha la salvedad de que sea mutuo), sugerencia que creo recogida en el esquema actual de aprendiz.

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  5. Gonzalo Martín

    Sobre de esto que dice Gretel, “¿como llevar a la práctica económica la cooperación y cooperativismo? ¿se puede sin mitología?” hace tiempo que tengo ganas de hacer alguna reflexión.

    He comentado cosas con David sobre mitos y rituales (por ejemplo, esa interesante reflexión del otro día entre la diferencia de un ilustrado, un católico y un masón apoyándonos en los rituales) y es el sitio donde yo me estanco más.

    Es, como dices, David, una necesidad humana. Pero también el rito, la ceremonia y el mito crean hipócritas y tradiciones que se quedan muertas pesando sobre los vivos más duramente de cómo Marx decía. Precisamente, a mí me interesa todo lo contrario, dejar las tradiciones interesantes y entretenidas en puro espectáculo; mantener unas ciertas formas de celebración y cohesión sin creérselo demasiado y estar dispuesto a matarlas en cuanto haya ocasión. Mejor matar una una vez al año.

    Precisamente, uno de los males del nacionalismo es la sacralización de la leyenda convertida en verdad, en rito iniciático y, al final, en arma de exclusión. Sí, genera cohesión de los que están dentro, pero a un precio muy alto o a riesgos muy altos para otros valores. A mí es que en el fondo todos los himnos me ponen los pelos de punta, pero de pánico.

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  6. Asun

    Jo, ya está la otra. En fin.

    Creo que eres injusto con el universalismo. Pero es cierto que el problema del universalismo en general es que no distingue entre derecho y obligación (muy germánicamente, como en Kant: si está permitido es obligatorio).

    Personalmente, soy universalista en lo que respecta a ciertos derechos. Creo en los derechos humanos a la antigua: son aplicables a todo el mundo, estrictamente y sin excepción, y que le den por culo a las diferencias culturales y a la multiculturalidad.

    Y creo que el acceso a determinadas cosas también debería ser universal. Supongo que en esto incluso tú estarás de acuerdo: cualquiera debería tener la posibilidad de montarse su propia filé, como las Indias. Otra cosa es que no queramos hacerlo, claro.

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  7. Ivan

    Como itinerante he de concurrir con Gonzalo: por mucho que pueda estar más o menos de acuerdo con los conceptos que van surgiendo en él, sé que es imposible que me haga una idea completamente fidedigna de cómo es realmente estar allí hasta que no se dé el caso, y pensar lo contrario sería muy ingenuo o simplista por mi parte. Ahí está la gracia de la incorporación tan escalonada del proceso de integración, que considero pero que muy acertada, en contraste con la incorporación a cualquier empresa típica donde la entrada suele ser «fácil» y después te puedes encontrar con que no encajas ni de coña.

    Creo que es justamente el ejercicio de los conjuntos de valores (tanto teóricos como prácticos) lo que debería permitir a una persona subir en una corporación o profundizar en la filé y, al hilo del universalismo, hablamos de conjuntos de valores radicalmente diferentes. Como dice Asun, siempre que se respeten unos derechos/valores fundamentales, cada uno debería poder ejercitar los suyos propios, sean cuales fueren. Por eso me resulta particularmente molesto cuando el estado-nación universalista pretende imponer por la fuerza los valores no fundamentales de unos sobre todos (estoy pensando ahora en la propiedad intelectual, pero hay muchos más).

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  8. daniel

    Toda idea buena es susceptible de “universalización”, pero bajo toda idea buena suele haber un proceso que te lleva a ella. Un proceso en el que es posible que haya habido tropezones y sacrificios que dificilemte pueden desligarse de la idea propiamente dicha, van en el pack, y creo que eso es lo que viene a plantear David. A la idea de filé ha llegado un grupo de personas tras un proceso (duro, muy duro a veces ¿no, David?) de aprendizaje teórico-práctico-vital que es hasta cierto punto irrepetible, con lo cual no valen adhesiones. Yo puedo adherirme a la ideas del cooperativismo, pero cuando construya una cooperativa, será diferente a la de al lado, aunque su experiencia me pueda ayudar a evitar parte del tránsito de errores. Posiblimente no estoy diciendo más que obviedades.

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  9. Gonzalo Martín

    Daniel, no creo que sea obvio. El proceso de debate indiano me parece verdaderamente sofisticado: cuando brotan las conclusiones ya han superado las objeciones primarias y hasta secundarias, con lo que los demás vamos detrás al tener que pasar por ellas cuando el debate se produce en el blog. Es decir, no valen adhesiones.

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