Un mail a la cartera
23 mar 2009
20 de marzo de 2009. Tras el Encuentro de emprendedores y empresas sobre Democracia Económica una treintena de asistentes tomamos unas cañas en la plaza del dos de Mayo. La primavera se ha adelantado este año, el evento nos ha dejado a todos de buen humor y rapidamente todos los participantes, en su mayoría emprendedores del mundo tecnológico empiezan a sacar cacharritos y contar exploraciones y experimentos.
Gorka nos enseña su Mir:ror. En apariencia se trata de un platito de plástico con un cable USB conectado al ordenador.
- Con esto conviertes en spime cualquier cosa a la que hayas pegado un árfido. De hecho te vale con cualquier etiqueta de esas que tiran a cientos en Carrefour.
Mir:ror escribe y lee árfidos, pero además da a cada objeto una dirección de correo electrónico, de modo que hace posible escribir a las cosas.
Mi novia suele escribirle a mi cartera con las cosas que tengo que comprar de la que vuelvo a casa. Cuando paso la cartera sobre el ordenador me aparece la lista.
Gorka tiene un QR-Code sobre la tapa de su portatil. Mientras hablamos, Malena saca su móvil con cámara y pone en marcha un pequeño programita llamado i-Nigma. El programa reconoce el código y devuelve un texto de 250 caracteres con todas las formas de contactar con el dueño del ordenador. No necesita conexión a Internet, no necesita más que un dibujo. Los QRCodes son códigos de barras empoderados, los graffitis encriptados de la ciudad red.
SomosEne, la empresa de Malena, ha sido la creadora del primer vino spime. Las etiquetas de las botellas de la bodega Cingles Baus en vez de llevar un pequeño texto como el portatil de Gorka, llevan un hiperenlace que conecta el teléfono a una página web. De momento esa página corresponde a la añada y la bodega, pero podría ir mucho más allá hasta incluir la información al objeto individual. No se trata sólo de cosechas y añadas. Podríamos seguir a la botella, saber por dónde pasó, cómo se distribuyó, en qué tienda se compró. Incluso podríamos contar con los usuarios y permitirles que pusieran voz y relato a su relación con ese objeto.
(Continuará…)
A ver, el tema de los bidis (QR Code) tiene ya bastante tiempo. En 2007 Coca-Cola lanzó su prueba piloto de uso de bidis escogiendo como país México y como producto las botellas de Sprite. El uso era el típico concurso/sorteo que en España reza “envía un SMS al número tal…”, en México el bidi era único por botella y el resultado de fotografiarlo y conectar a la URL que contenía era saber si te había tocado una gorrita o no.
El año pasado Telefónica se estaba poniendo muy pesada con la promoción de los bidis (pero no ha repercutido mucho). Este año, Microsoft ha sacado su propia versión del asunto, unas etiquetas horrorosas de triangulitos amarillos y rosas, infumable.
En Japón no se diga cómo está esto, que hasta las vallas publicitarias en el metro de Tokio tienen bidis a los que fotografiar para acceder al sitio Web de la compañía/producto publicitado.
De los árfidos mejor no hablo, que sabes que estoy en contra de toda cosa que se pueda leer a distancia y de la que se pueda obtener información sobre mi persona o sobre “mis cosas”. Y soluciones tipo el RFID Guardian del señor Tanenbaum no me valen…
Novedoso, novedoso este asunto no es. La tecnología está inventada, aunque coincido contigo en que se trata de sacarle todo el jugo.