Sobre los países virtuales
23 dic 2009
A partir de la pregunta pública de Manuel Ortega, que ha abierto un interesante debate en los comentarios del minipost en que comencé el esbozo de una respuesta, creo que merece la pena plantearse una reflexión más amplia. ¿Los países virtuales pueden cuajar en filé? ¿Son el mejor punto de partida?
Hace ahora dos años Hector Milla lanzaba su manifiesto El país llamado a. Rapidamente se dotó de gobierno, bandera, página web, cuentas de twitter y facebook y hasta de moneda propia. Tras numerosas votaciones para poner en marcha una constitución y todo un simil de estado, la iniciativa murió tan rapidamente como había nacido.
El país llamado a fue en realidad, como Freedonia, su antecesor más de una década antes, un juego de rol. A diferencia de este se pensó democráticamente desde el principio, pero como toda forma democrática que no parte de definir un demos, un quién, se desinfló solo. Todo un ejemplo de participacionismo. Los humanos nos juntamos con otros humanos concretos en la perspectiva de un hacer común, no sólo para elaborar reglas para dirimir los conflictos que se produjeran en un hipotético e indefinido hacer. Ese necesario hacer puede ser, simplemente, desarrollar un tipo de conocimiento particular, un saber, o simplemente sostener una conversación sobre la base de algún tipo de afinidad. Pero aún entonces, en el terreno de las comunidades conversacionales, el quién importa. De hecho importa tanto como el para qué.
Un quién más claro parece tener la Esperanta Civio, una ciudad virtual que igualmente se ha dotado a toda velocidad de Constitución, símbolos, gobierno, parlamento, consules… No son pocos los que ven en esta iniciativa un intento de dotar de instituciones para-estatales, pero al fin nacionales, a la comunidad esperantista para convertirla en una nación sin territorio.
La cuestión de fondo es que una comunidad conversacional no necesita ese despliegue institucional. De hecho, esas instituciones, pensadas para la decisión colectiva, quedan vacías en una práctica, la conversacional en una red distribuida como Internet, cuya tendencia espontánea es la lógica de la abundancia. Los países virtuales son, a fin de cuentas, juegos de rol basados en la generación artificial de escasez.
¿Tienen estos espacios alguna posibilidad de convertirse en filés? La verdad es que a simple vista representan más bien lo contrario. En nuestra historia, ciberpunk, una comunidad conversacional que ni siquiera dio vida a la mínima jerarquía impuesta por la ley para registrarse como asociación, comenzó en un momento a plantearse cómo hacerse sostenible en el tiempo en tanto que comunidad, por encima de su propia lógica ciberactivista. Fue entonces cuando empezamos a trasladar la lógica de la abundancia a la gestión de empresas, haciendo puerto finalmente en la democracia económica. Y no ha sido hasta este mismo año que hemos empezado -por necesidad- a dotarnos de unas mínimas instituciones ejecutivas (gobernador) y de contraste (dogo y consejo) que en cualquier caso distan años luz de la fantasía, común en los países virtuales, de replicar con más o menos pompa, un gobierno nacional.
Es decir, si en la fase de comunidad convesacional nos hubiera dado por jugar a las jerarquías de gobierno nunca hubieramos podido evolucionar y seguramente hubieramos desaparecido en tanto que comunidad. Las instituciones surgen de la necesidad y el conflicto. Conflicto con un mundo exterior que te exige un interlocutor (aunque sea para firmar legalmente contratos), necesidad de buscar la crítica constante de la propia evolución fuera del núcleo de personas que compartimos la cotidianidad de la experiencia de trabajo. Las instituciones y cargos artificiales sólo servirían, aún hoy, para restar fuerza a la deliberación, para negar el principio de indiferencia que nos da serenidad y solidez.
¿Están iniciativas como Esperanta Civio en el camino que puede llevarles a convertirse en filés? Es difícil pensarlo, porque bajo el juego de rol del gobierno de la ciudad virtual, bajo la generación artificial de escasez que requiere el juego para ser divertido, se oculta una lógica que no permite la maduración como comunidad, la aparición desde la fraternidad de un verdadero demos.
Es muy posible que tengas razón en tu planteamiento, pero La Esperanto Civito no es sólo algo Virtual, es muy real también. A mi particularmente me está ayudando mucho en mi formación como esperantista instruido. Soy y pienso ser un simple civitano, como se suele decir, “eterno komencanto”, aunque mis conocimientos aumentan cada día, no sólo en el lenguaje hablado, que es lo más importante, sino en la cultura del Esperanto, que es muy amplia y que muy pocos conocen, porque sólo se limitan a perfeccionar el lenguaje hablado y se olvidan de la Esperantología. Nosotros creemos que un buen esperantista deber formarse estudiando a los clásicos, sobre todo a Zamenhof, y hacer de nuestra lengua algo más que un instrumento para entendernos con el mundo, aunque la “fina venko” sea una utopía, la realidad es que el Esperanto ha triunfado y la Esperanto Civito sabe encauzarlo y valorarlo como se merece.