Salario bajo, amargo frío
27 ene 2009
Las Indias nació en y de la última crisis. Recuerdo que tomamos entonces como bandera el mítico anuncio de Shackleton:
Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo, amargo frío, largos meses en la más completa oscuridad, peligro constante, y escasas posibilidades de regresar con vida. Honores y reconocimiento en caso de éxito.
Nos lo repetíamos a nosotros mismos cada día. Nunca nos hemos arrepentido. Hemos aprendido a ser libres en escasez y generosos en abundancia. Creo que a nadie se le puede aconsejar o desear nada mejor.
Trampa de liquidez sobre el mar helado
Seis años y pico después hiela de nuevo ahí fuera. Es la vuelta de la trampa de liquidez keynesiana: los tipos de interés ya eran muy bajos y bajarlos aún más no recuperará la actividad económica. La política monetaria no funciona. Bajan los precios, bajan los salarios… pero no lo suficientemente rápido como para evitar un desempleo creciente: con los tipos de interés rígidos y bajos, la inversión no se recupera y nada tira de la demanda agregada. Bienvenidos a 1929 ochenta años después.
Inevitablemente saldrán muchos economistas a decirnos que para salir del agujero necesitamos más flexibilidad en el mercado de trabajo. La verdad es que necesitamos más flexibilidad. Lo que no es verdad es que sea la receta que vaya a sacarnos de la crisis. Además, en el marco actual, flexibilidad se traduce en bajada de salarios y precarizacion y sería normal, de hecho sanísimo, que produjera resistencia social.
Crisis y cultura emprendedora
Crecimos en una cultura antiemprendedora. Cuando conocías a los padres de tu pareja y te preguntaban en qué trabajabas, si respondías que estabas montando una empresita o que trabajabas por tu cuenta, la respuesta normal era la desconfianza, cuando no la duda moral. Los padres, de ella, los tuyos, todos, te preferían trabajando en un banco, modelo del funcionariado privado. Con lo que vales….
Con las reconversiones y las prejubilaciones la cosa resquebrajó un poco. La reestructuración de las grandes empresas, el tener que pagar seguridad social por su cuenta, hizo a una generación sentirse traicionada por las instituciones que daban estabilidad a su visión del mundo. Con todo, el modelo se mantuvo: trabajar para otro, sobre todo si era grande, se consideraba más seguro. Y desde luego te permitía jugar al juego de las personas respetables: hipotecarse.
La democracia económica es flexible
Crear empresa no es más inseguro, tal vez hasta lo sea menos. No es que dependa sólo de ti, pero al menos estás al mando y no tienes intereses y estrategias invisibles por encima. Nadie te sacrificará aunque el mercado te maltrate. Estás tú y si juegas en democracia económica tus pares.
Y desde luego, lo que dicen las cifras de sociedades laborales y cooperativas de trabajo es que, pequeños o grandes, los nodos de la democracia económica en España son mucho más estables y perseverantes en la creación y el mantenimiento del empleo que ningún otro modelo de empresa.
¿Por qué? Porque el significado social de la flexibilidad, depende de la estructura de gestión. Flexibilidad en e4 quiere decir ser mutantes, reinventarnos conforme aprendemos, apretarnos un poquito cuando toca, apostar por cosas nuevas, buscar nuevos mercados, convertirnos todos en comerciales si hace falta…
La mayor aventura de sus vidas
Estamos en tiempo de crisis. Mi consejo: cobren de una tacada su seguro de desempleo y monten una cooperativa con sus pares, con los contertulios de su comunidad virtual. Den el salto del sionismo digital al movimiento neovenecianista. Entren en la mayor aventura de su vida: Aprender a ser mutantes, a vivir arrebatados por el cambio…
Releyendo El crash del 29 de Galbraith hace poco me hizo gracia que en el prólogo (a la edición del noventa y pico) contaba que ese libro nunca había sido descatalogado por una razón muy sencilla: cada vez que había estado a punto de dejar de ser editado un episodio de crisis financiera de base similar a aquella había revivido su actualidad.
Estoy en buena medida de acuerdo con tu post, incluso en que hace falta flexibilizar el mercado laboral de acuerdo a las nuevas necesidades de un trabajo que ya no es el del siglo XX, lo que me temo, como bien dices, es que en el discurso público la palabra se asocia irremediablemente (y razones sobran) a pérdida de derechos, de capacidad adquisitiva y en definitiva pauperización de lsa clases media y trabajadora, lo cual creo se ha producido en la última década y está en la base también de la actual crisis (en su faceta de crisis de consumo con cada vez menos cobertura social, inflación e hipotecas altas no correspondidas con una subida salarial acorde).
Cada caso es un mundo pero desde luego ser dueño de tu vida, con sus cimas y sus abismos, es un horizonte vital de veras apetecible