Me pido un invierno de cielos azules
01 ene 2009
Madrid debería tener un ánimo estable. El tono de la ciudad lo dan una gran masa de funcionarios y centenares de miles de ejecutivos de empresas tan grandes, que no podrían reunir a su plantilla en casi ninguna capital del mundo. Esta ciudad es un parque temático de la administración de cosas y personas. Aquí se habla en grandes números y en puntos porcentuales. Si alguien habla de la región probablemente se refiera a algo no menor que el Mediterráneo.
Poco importan al tono general las casas minúsculas, los bares sucios y oscuros, los camareros desabridos. Madrid tiene crápulas, no bohemios. Sus intelectuales son cátedros de sueldo eterno o figurones televisivos. Esta es la ciudad de las rentas.
Y precisamente por eso, como Madam Bovary, sufre de melancolía. Incapaz de renunciar a su sueño conservador, Madrid querría un Madoff, un Soho, un poco de riesgo e indignación que pusiera pimienta en las conversaciones. Y como no los tiene se deja languidecer. Muere de penas imaginadas y de crisis lejanas. Fueron los periódicos madrileños los que comenzaron a convertir el verano en olas de calor, el invierno en olas de frío y la primavera en ola de lluvias. Si Oriente tiene tsunamis, Madrid necesitaba olejade conceptual.
Porque para rematar y por alguna oscura broma de la Historia, este relato arquitectónico de la impotencia de las élites españolas, está en mitad de Castilla. Los años buenos, los inviernos helados dan cielos eléctricos y luces polares. Los años malos, como este. una peremne capota gris que alimenta las reacciones psicosomáticas de la gran Bovary española.
Este año, para Reyes, sólo me pido un invierno de cielos azules. A las ciudades lánguidas y llorosas les crecen colmillos terribles.
Qué poeta estás hecho, me encantó leer este post justo hoy