La Gran Negra reescribe Europa
19 may 2008
La gran novela negra europea explica la Europa berlusconiana, autoritaria e cinicamente neopuritana que vivimos.
Leif GW Persson y Giancarlo de Cataldo conocen las tripas del estado. El lugar, no siempre oscuro, donde sus élites viven en regresión peremne hacia sus orígenes como banda. Factotum ministerial y juez, narran ahora la intrahistoria de los estados europeos de estos últimos 30 años.
La trilogía de Persson El declive del estado del bienestar y su sillar, Entre la promesa del verano y el frío del invierno, tiene mucho en común con Una novela criminal de Cataldo.
En ambos, paso a paso, descubrimos los itinerarios de incompetencia y criminalidad que conducen a la muerte de Palme por un lado y a la de Aldo Moro por otro. El ascenso del paraestado de los servicios y su concepción descarnada de la máquina social como mero territorio, como espacio de conflicto y alianza entre bandas sostenidas sobre redes clientelares, estructuralmente idénticas más allá de su representación pública como agentes políticos.
Toca releer los años 70 y 80, no sólo incorporando la perspectiva de los servicios y el amigo americano, sino sobre todo la lógica de descomposición, la pulsión suicida de unos estados clientelares incapaces de sostener un cuerpo político definido desde lo nacional y articulado democráticamente.
Toca -y es lo que está haciendo la gran novela negra europea en estos días- hacer una relectura radical de cuanto conduce a la refundación de los estados europeos tras la caída del muro. Dramática y sobrerepresentada en el caso italiano, sutil y vestida con aires de reforma catárquica en los demás.
Porque al final, el viento del Este llegó a Europa Occidental en los 90 no como un vendaval democrático, sino como la brisa de un nuevo pacto social, de una nueva lógica de bloques de poder.
Con aires camusianos, brutal y seco, Massimo Carlotto podría ser el epílogo de Cataldo, la continuación meridional del Otro tiempo, otra vida de Persson, el puente hacia la Europa berlusconiana, autoritaria e cinicamente neopuritana que vivimos.
Esos estados de brindis sobre socavones, xenofobia y grandes negocios audiovisuales. Pero no contada desde arriba, desde el relato del poder, sino desde abajo, desde esa promiscuidad de baretos cool, de tascas redecoradas a lo Kubrick con muchas pretensiones y vinos a 4 euros. La Europa descarnadamente utilitarista, post-democrática y definitivamente neomafiosa, de un poder privado y no demasiado amable que sonríe cínico, confortable y sobrado frente a los últimos creyentes en la democratización, siempre pendiente, de un sueño europeo que cada día parece más una pesadilla sin sobresaltos.