El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

España, 2010

19 ago 2010

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Escribimos a una empresa interesados por sus servicios. Le contamos que tenemos un proyecto que se presentará publicamente en enero y que, habiendo desarrollado ya sus partes principales, necesitaríamos encontrar un proveedor para una pieza que nos falta pero que nos resulta muy importante. Le decimos que no podemos darle más detalles sin tener una reunión y conocerles. Algo que, les comentamos, convendría hacer cuanto antes porque, como es obvio, no sobra el tiempo de aquí a enero para un proyecto ambicioso. Nos responden días después que podemos vernos en septiembre pero que como no será público hasta enero no tiene sentido hacer nada hasta entonces. ¿Qué parte no entendieron? ¿Por qué no escuchan primero? ¿Si la Renault encarga una pieza a un taller porque quiere lanzar un modelo nuevo en enero, el taller dice que hasta enero no se pone a producir? Protesto. Les recuerdo educadamente que en esto del mercado mola escuchar al cliente primero para no confundirse. Me responden al día siguiente muy paternalmente que “les alegra vernos con tanta motivación en esta fase preliminar del lanzamiento”. Y nos invitan a una reunión dentro de 19 días… en sus oficinas. ¿¿Perdón?? ¿Quién vende? ¿Quién compra? ¿Hay que peregrinar para rogar que te vendan? A esto es a donde se va con los discursitos antimercado y el rollo cuarto sector. Al final el antimercado es el aristócrata, el hidalgo que no ha de servir ni dar servicio, esa cosa degradante reservada para los inferiores sociales, a los sucios mercaderes como nosotros a los que hay que “poner en su lugar” en cada mail. España. No cambió. No cambiará nunca. (20 Comentarios)

20 Comentarios a “España, 2010”

  1. M@k, el Buscaimposibles

    (Sin saber nada concreto del tema y en genérico).

    Es decir,¿quieres pedirle algo a alguien… y que para escucharte vaya donde ti? ¿Y en una primera toma de contacto quieres que reaccionen para ti como un proveedor de piezas para Renault?

    La próxima vez que quiera una barra de pan me quejaré amargamente en mi blog de que el panadero no me la llevó a casa,…

    No entiendo nada. ¿Lo habré entendido todo al revés? Como soy español y por tanto atrasado…

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    • David de Ugarte

      Debe ser eso Mak. Porque la verdad es que defines el problema estupendamente: para ti, buscar un proveedor es pedir algo a alguien, el proveedor sería alguien que haría un favor y al que debemos estar agradecidos meramente por dignarse a atendernos. Nada describe mejor una relación a lo Antiguo Régimen con un monopolio real.

      Para mi es bastante distinto, tengo un presupuesto para un input, en realidad da igual el monto, pero en este caso es de 6 dígitos. Salgo al mercado a ver a quién puedo confiarlo y espero de los que quieren ser proveedores que hagan sus mejores ofertas y ganen mi confiaza. Para comenzar, que escuchen el pedido. Para seguir que no me ofendan con paternalismos estúpidos y para acabar, sí, que pretendan vender, lo cual incluye no imponerle a tu potencial cliente cosas tan básicas y simbólicas cómo dónde te vas a ver para la primera reunión. Pero claro, es que yo sí vendo. Soy un mercader.

      Qué pretenciosos somos ¿verdad? Qué poco “modestos” que pretendemos que nos traten cortesmente sólo por tener intención de gastar unas cuantas decenas de miles de euros en lo que produce otra empresa… Como si necesitaran vender para comer… Nunca es así para un hidalgo español!! La gente bien no se degrada a vender, a ser cortes con alguien sólo porque le va a dar dinero!! ¿Qué nos hemos pensado que todos son unos “rascas” unos “don nadie” como nosotros?

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  2. Santiago R. Bajón

    yo he vivido cosas parecidas (malas prácticas comerciales, podrían llamarse), aunque a menor escala (pero también significativas). En una pastelería muy tradicional no quisieron venderme un único pastelito porque estaban acostumbrados a vender bandejas de media docena; una docena, etc. la señora podría haberme pedido lo que quisiera por aquel pastelito. lo hubiera pagado, pues era la merienda de mi hija). o aún mejor (desde el punto de vista de estrategia coemrcial), podría habérmelo regalado. Inmediatamente yo habría comprado algo (en gradecimiento). me acrodé del libro El Imperio Irresistible (es de un chica italoamericana, creo; no recuerdo su nombe). Va sobre esto del comercio (EE UU) y la aristocracia (Europa) y de como el primero se come al segundo. aquella pastelería estaba anclada en la “tradición”. pero existía. a pesar de tanta técnica moderna y tanta multinacional, allí estaba con sus pastelitos y sus bandejas de varios tamaños. tal vez sus clientes aprecien la “personalidad” de su pastelera; su negativa a aceptar el comercio de cualquier modo. puede que tampoco esté mal. en todo caso, tengo la firme intención deno vovler a entrar allí.

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  3. María

    Je je, es muy curiosa. efectivamente, la respuesta de M@k. Si cambias ‘pan’ por ‘leche’ (ambos son alimentos básicos) y ‘España’ por ‘Gran Bretaña’ es aún más curioso porque ya me gustaría ver a mí a mr. Monely si un día el lechero no aparece por su casa (no sé si siguen haciendolo pero desde luego era muy común hace años).

    Y sin irte tan lejos, quiero ver yo al sr. Sanchez si en pleno partido de final de copa de Europa, telepizza le dice que ese día no hay reparto que tiene que ir él a por la pizza…

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  4. Jorge

    ¿Y nunca habéis sentido que el vendedor de, pongamos, pantalones os hace un favor al “permitirnos” comprar un par? Es un conflicto cultural típico respecto a las sociedades más protestantes (y capitalistas). Nos falta mucho recorrido en atención al cliente, por empezar, quitarnos el complejo católico de servir.
    Estoy completamente de acuerdo, David, me enfurece tener que pedir perdón por querer gastar mi dinero y que me den buen servicio, ya sea una barra de pan o un componente informático con presupuesto de seis cifras.

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  5. David de Ugarte

    Eso es!! Menos mal!! Gracias por los comentarios!! Ya me sentía completamente solo y marciano por enfadarme ante un trato descortés, sobrado y parternalista cuando voy a pedir un presupuesto o comprar cualquier cosa! A veces, si no tiene uno en cuenta el transfondo cultural, parece que España no haya salido de los años 60 cuando había más demanda que oferta y había que ponerse en cola durante meses para comprar un 600.

    Algo que por cierto no he sentido en otros países que tienen una matriz cultural igualmente católica… Hace poco llegamos casi a medianoche a un pueblo y fuimos al restaurante que quedaba abierto. Excelente comida y trato. Pero cuando salíamos nos dimos cuenta de que se había hecho tardísimo y nos diculpamos con los dueños, y la dueña va y nos responde “¿Qué dices? Aquí estamos para vender”. ¡¡Casi se me caen las lágrimas de la emoción!! Ni que decir que se ha convertido en uno de mis restaurantes favoritos en el mundo y recomiendo a los amigos desviarse kilómetros en sus viajes para comer o cenar allí y poder disfrutar de la experiencia. :)

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  6. Bianka Hajdu

    Eso del 600 me recuerda los 2-4 años(!) que había que esperar en los ochenta para poder comprar(!) un Lada Samara… en el mismo sitio donde hoy en día no es raro que los camareros, una vez te hayan hecho el favor de servirte, exijan la propina y, en el caso de que no llegue al 10%, te adviertan de que has calculado mal.

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  7. Juan José Cano-Cortés Cartagena

    En España seguimos teniendo el cerebro vendedor anclado en la época de las vacas gordas donde se vendían por igual, y sin dificultad, calidad y humo.

    Mucha gente aún no ha despertado y no percibe que las cosas han cambiado y mucho. Que no estamos ante una simple crisis sino probablemente al comienzo de cambios importantes de paradigmas.
    Ellos/as seguirán recibiéndote en sus tiendas sentados/as, sin apenas saludarte, o te ignorarán porque están hablando con el compañero/a sobre las vacaciones, o no te responderán a un correo electrónico solicitándote información.

    Yo al principio me indignaba igual que tú con estas prácticas. Últimamente me he vuelto pragmático. En la burbuja de los últimos años (equivalente a la explosión de vida surgida en el periodo Cámbrico), ellos/as tenían la sartén por el mango. Ahora, tras el impacto del meteorito, la selección natural funcionará como ha venido haciendo toda la vida, y los dinosaurios se irán extinguiendo lentamente, dando paso a nuevas especies más ágiles y que consumirán menos recursos.

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    • David de Ugarte

      Esa es mi esperanza Juan José!! Que la evolución funcione en el mercado para bien de todos!!
      @Bianka: siempre me llamó la atención lo que España se parecía a muchos países excomunistas en esas cosas. ¿Restos hidalgos del estado paternalista?

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  8. Karis Asesores

    Nada, nosotros aún estamos esperando que se dignen a contestarnos del departamento que comercializa un polígono industrial en el área de Vigo.
    El conserje ya nos advirtió que volvían de vacaciones, no supimos comprender el matiz que introducía sus palabras.
    Ánimo, el país es así, pero hoy hemos reflexionados que la mayoría de la gente, si te paras a pensar, sólo le separan 2 ó 1 generación de gente campesina.
    El cambio mental que estamos proyectando es impresionante a través de las redes y de las actividades desligadas de la empresa tradicional pensada como pirámide.
    Me recuerda a muchas cosas que lei en Desprecio Cero de ese pensador francés, cuán poco han cambiado algunas cosas en la España del Sg. XXI.

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  9. bits.quintanasegui.com/

    Esta es una actitud muy española. También, de alguna manera, Francesa. Es la actitud anti-business que siempre nos ha caracterizado. ¿Alguien entiende pq los bancos hacen horario de funcionario? Paternalismo anti-business. Lo de siempre por estas tierras.

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  10. Gonzalo Martín

    “El País es así”, dicen por ahí. Y es cierto: es cansino para hacer negocios porque tiene una cultura extraña de desconfianza hacia los demás, preocupación por ver quien engaña a quien, por el qué se habrá creído y por eso del “si no hace falta”.

    No ha mucho en el centro cultural de una enormísima entidad financiera símbolo de la mejor tradicion laboriosa de una afamada comunidad española reputada por su buen hacer en el trabajo, llamé a las diez de la mañana para conocer los costes y condiciones de reserva de sus salas. La sorpresa – eran las diez – consistía en que despues de muchos timbrazos tomaba el teléfono el servicio de seguridad diciendo que hasta las diez y media nada de nada. Que allí no había nadie.

    Yo he echado la culpa de estos hábitos y clichés mentales a la histórica ausencia de intensidad competitiva: querer derrotar a los demás en el mercado por mejora de tu servicio al conseguir que la gente te elija a ti y no a otro, es casi pecado. El común prefiere pactar con el panadero de enfrente y fastidiar a los vecinos entre ambos. Bajar el precio y publicitarlo en el barrio es casi de mal gusto para los propios vecinos: es como esas encuestas donde al público le preguntan por su opinión por la libertad de horarios comerciales y dice que, claro, que no, hombre, que no es para tanto: se ignora el derecho de otro a sacar adelante su negocio y se ve mal que tenga ventaja por su esfuerzo. Luego te vienen con lo de que si explotan a los trabajadores o el derecho al descanso y bla, bla: impedir la competencia, no destacar por el mérito, igualar por abajo.

    ¿Se rompe? Yo creo que de 30 años a ahora, esos hábitos han mejorado… porque hay más competencia y más comercio. Pero falta mucho: solo hay que mirar la legislacion paternalista española para encontrar por todas partes pactos de comerciantes para impedir que los mejores puedan con ellos. Solo hay que ver las prácticas gubernamentales en sus regulaciones sectoriales buscando el “consenso” de todos para salvar los muebles de los grandes y los gordos.

    El resultado es que en la práctica es de idiotas competir siendo el mejor: lo rentable es medrar, dejar que la administración decida por todos, pactar entre cuatro, meter a los políticos, sacar un decreto. Sale margen para aguantar la cuenta de resultados siendo suficiente con cualquiera que no parezca importante. Solo hay que ver las televisiones, las radios, etc. como paradigma. Sigamos con las constructoras. Pasemos por las telecos (y menos mal que la CMT les para los pies más a menudo), sigamos por la energía. Y con sus tentáculos en todos los sectores todo queda contaminado.

    Conocí un cubano de Miami que se instaló en Madrid viendo la cantidad de dinero que había. Era informático. Montó su empresa y la cerró antes de un año. Respuesta: cuánto dinero hay y qué poco se mueve. Conservadurismo visceral: miedo a probar al nuevo, dudar de su valor y sí extorsionar en los precios y con comisiones encubiertas a los que están.

    ¿Pero es exclusivo de aquí? TIene su idiosincrasia específica. Pero todo el mundo sabe lo que es tratar de hacer negocios en Italia. En nuestras conversaciones, David, cuando te digo que hay que dejar de odiar a España es para poner sus males en modo relativo, justo para poder calibrarlos y no enredarnos en su lógica perversa que conduce al pensamiento trágico, al complejo de inferioridad y a la creencia en ser una excepción. Pasa en negocios y pasa en política Es una mierda, pero ¿hacer negocios en cualquier parte no supone tratar con las mierdas de tantos? El dinamismo nórdico o anglosajón suele tener enormes ventajas en este sentido, pero construyen otras barreras.

    Así, para mi, aunque parezca una contradicción con lo que acabo de decir, seguir poniendo a caldo el sentido anticomercial y anticompetitivo del entorno para que la gente pierda la vergüenza. Pero no creamos que es el fin del mundo. Me tiene asombrado que las empresas españolas de hosting rastrean twitter buscando insatisfechos para hacerles ofertas… al instante.

    Más y más competencia, menos monopolios, menos jugadores de ventaja en las redes clientelares de los partidos, menos regulaciones y poder regulatorio para los políticos… y la hidalguía se va por el retrete.

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  11. Gonzalo Martín

    Y bueno, claro, ya sé que Las Indias no pecan precisamente de complejo de inferioridad y miedo al dinero. Pero lo que digo es que el discurso de obsesionarnos con la idiosincrasia española suele conducir a la inacción: la empresa que cuentas ha perdido la opción para un cliente. Que se sigan perdiendo clientes por incompetencia. Yo procuro tomarme la molestia de mandarles al guano con ruido a todos.

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    • David de Ugarte

      Lo malo Gonzalo es que en la medida que esa cultura antinegocio está amparada y es un desarrollo de esos valores que nos machacan como “identidad nacional”, tratar mal al cliente no lleva a perder mercados, a veces sólo un poquito de imagen. En el límite como es lo que toda la competencia hará, ni siquiera se perderá un sólo cliente. Ejemplo: las líneas de atención al cliente de las teleoperadoras.

      No sabía que era así en Italia también -mi paso por Italia siempre ha sido de turista- pero me lo puedo imaginar… precisamente porque en los valores que de Mazzini a aquí ha vendido el nacionalismo italianista como “identidad nacional” están el elogio de la pobreza, el miedo a la competencia, etc.

      Pero ya te digo, mi punto no es que “España” sea esto o aquello, ni el sentimiento trágico noventaiochista (que era muy nacionalista) ni nada de eso. Mi punto es que encima que considero cualquier identidad nacional un timo peligroso que sólo interesa a los malos gobernantes y a los estados hipertrofiados, ésta (o éstas si quieres incluir a la italiana) en concreto encima amparan y sirven para mantener en pie prácticas culturales que llevan de cabeza a la involución económica y la consiguiente pérdida de calidad de vida.

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  12. Gonzalo Martín

    Correcto. Pero las prácticas culturales puede que sean las que montan el estado y no al revés. O, seguramente, en un ciclo que se autoalimenta: ¿es el paternalismo falangista una consecuencia del pensamiento “original” de Falange o una forma de cristalizar lo que ya piensa la mayoría que, en su vertiente contraria, tiene forma de socialismo idealizado, un colectivismo light? Brenan lo tenía muy claro, no conocía un país más incapacitado para el capitalismo y abonado para el socialismo, por aquello de la propensión igualitarista del pueblo llano. Y venía a decir, te hablo de memoria, que se igualaba, sí, pero por abajo. Así el falangismo que se encargó de las leyes del trabajo, los mismos que montaron la autarquía y aquellas cosas de posguerra no son muy diferentes en soluciones prácticas a las que puede andar pregonando hoy día cualquier sindicato de los llamados de “clase”. Una vueltecita por la sede de un sindicato o llamar a su centralita a determinadas horas muestra bien a las claras qué pasa cuando ausentes de prácticas impuestas “por el amo” los “trabajadores” se organizan a sí mismos: una rara forma de perroflautismo inserta en un mercado que aparentemente pugna por ser más abierto. En contra de la opinión de los propios empresarios de los grandes negocios y las patronales, claro.

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    • David de Ugarte

      Te recuerdo que Falange no llegó al poder precisamente por aclamación popular… y que el estado no es la materialización del “espíritu del pueblo (ahistórico e inmortal)” que pensaba Hegel :) Aunque evidentemente haya una interacción entre los consensos sociales y el estado, la “cultura nacional” no es algo ahistórico que se mueve con una inercia tremenda. Los valores pueden cambiar y muy rápido. Presuntos constituyentes eternos de la identidad de cualquier nacionalismo ibérico como el catolicismo, el sexismo o la moral sexual más rancia, cambiaron en toda la península en una generación… y perdona pero no me creo que es que todos de repente hubieran cambiado de idea al ver lo guapos que eran los descreidos y liberales turistas europeos y en cuanto cayeron las dictaduras comenzaron a mostrarlo sin haberse atrevido hasta el momento anterior.

      Y una nota: ya se que seguramente es un exceso por la brevedad del comentario, pero decir que los sindicatos son la autoorganización de los trabajadores… en fin… Los sindicatos son instituciones del estado exactamente igual que la Cámara de Comercio -sólo que sin afiliación obligatoria- y al igual que ésta su infamia cotidiana no describe la “autoorganización” de nadie, sino la cortedad e incompetencia general de las instituciones nacionales.

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  13. Gonzalo Martín

    No puedo estar más de acuerdo con lo que dices.

    Me refiero a que los constructores del estado no construyen sobre la nada. La falange toma el gobierno por la fuerza, pero su promesa de paz y trabajo no se diferencia en mucho de la aspiracion bolchevique y revolucionaria: ponle un poco de iglesia y cambia la nomenklatura por los jerarcas del regímen. En ese sentido, ambas fuerzas tienen un sustrato popular innegable… con aspiraciones en el fondo similares: totalitarismo, sociedades verticales. Mi abuela, señora conservadora y cristiana, de campo castellano de toda la vida, era pragmática: “si esto lo arreglan los comunistas, que vengan los comunistas”. Jamás entendió que se hicieran cosas sin que provinieran de una autoridad que pusiera orden. Frase definitoria: “por qué hacen películas como estas?”, queriendo decir, “no tiene sentido que esto se haga, no debería estar permitido”. Ese sustrato de cultura carente de libertad para emprender, de aceptar la jerarquía y que haya orden lo creo compartido por la tradición revolucionaria española y la tradicionalista. Son esas personas las que luego se suben al carro del poder y hacen el estado para esas mismas personas como forma de conservar su propio poder.

    Con “autoorganización” de los trabajadores me refiero irónicamente a que son ellos los que gestionan sus “organizaciones representativas” tomando sus decisiones de gestión: que un Cándido Méndez no sea producto de una verdadera democracia o que vivan de los presupuestos generales del estado no cambia el hecho de que son ellos los que deciden que el viernes a las dos no se coge el teléfono. Y como en la buena tradición estatal y de empresas esclerotizadas, a las dos menos cinco la persona en centralita ha salido volando a iniciar su fin de semana: esos son los que discuten la legislación laboral y mandan sus militantes a pelear convenios, los que “liberan” (el nombre se las trae) individuos para gestionar el sindicato o los comités.

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    • David de Ugarte

      Eso si que me fascinó siempre! El concepto de “liberado” que originalmente era “liberado del trabajo asalariado” pero no se aplicaba, ni se aplica, al que ejerce una profesión liberal o monta una cooperativa… no! se aplica sólo al que está asalariado de una “organización de clase”. Es el equivalente en el obrerismo de las chuminadas espirituales nacionalistas: al incorporarte al “cuerpo histórico” de la clase lo tuyo ya no es un salario, es una liberación porque ahí está tu esencia intemporal, el lugar de donde sale tu identidad.

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  14. Gonzalo Martín

    Yo lo veía como “liberado de la condena del trabajo”, algo sin duda bíblico, como si se recuperara el paraíso, algo en el fondo tan propio de las ideologías socialistas.

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  15. Diego

    Zeveráh zousans!

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