El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

Democracia Económica más allá de la cooperativa

17 ene 2009

La evolución de empresas hacia formas de democracia económica va en el mundo por un lado diferente al reposicionamiento como Economía Social (asimilándolo a fundaciones, ONG’s, etc.) que se ve en Europa y en España.

La causa seguramente sea el atasco del viejo sistema cooperativo, atasco fundamentalmente ideológico, pero también apuntalado por una legislación de cooperativas que parece escrita por un jefe de koljoz de los años treinta decidido a hacer obligatorias aquellas formas de organización interna consideradas benéficas por su propia tradición, y decidido a cerrar las puertas de la legalidad a cualquier otra.

Sin embargo, lo que vemos por ahí, tiene un carácter bien distinto. Empresas bien conocidas en el anglomundo como Equal Exchange o King Arthur Flour e incluso algunas en el top 500 de Fortune como DaVita son consideradas comunmente empresas democráticas aunque en Europa tendrían muy difícil, por no decir imposible, encaje en la legislación.

Esto no significa que no se pueda experimentar nada fuera del rígido molde cooperativo. En la Sociedad de las Indias Electrónicas la propia evolución nos llevó poco a poco hacia la democracia económica. La forma en que la consagramos fue la de el establecimiento de unas reglas de juego democrático en la vida cotidiana y la gestión: la Carta de las Indias. La Carta establece las relaciones entre los accionistas y los trabajadores, limitando el poder de estos hasta lo que podríamos llamar el equivalente empresarial de una Monarquía Constitucional, con un grado de libertad mayor y una estructura mucho más ligera que los establecidos en la ley de cooperativas.

El problema residual de un sistema así viene dado por la herencia. ¿Qué pasa si a alguno de los tres accionistas fundacionales nos pasa algo y aparecen herederos que impugnan la Carta firmada por los fundadores? En principio nada porque somos tres accionistas y ninguno tiene mayoría por si mismo como para modificar un acuerdo de socios unilaterlamente. Pero eso no quita para que le demos una vuelta en cualquier caso.

Si lo pensamos hay dos formas de solventarlo: en una las acciones son asumidas por una asociación o fundación consagradas precisamente al cumplimiento de la Carta. En otra, como en el sistema monárquico tradicional, los herederos comparten el compromiso y asumen la representación y función moderadora en casos de crisis que reserva la Carta a los accionistas originales. En nuestro caso, mientras estudiamos las posibilidades de crear una fundación dedicada a la democracia económica que pueda heredar esas acciones seguimos llamando a Itziar nuestra Princesa heredera. A fin de cuentas, esto del principio monárquico constitucional, puede tener muchas ventajas… y su puntillo de glamour…

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8 Comentarios a “Democracia Económica más allá de la cooperativa”

  1. getopenid.com/juleniturbe

    Quizá antes de todo esto la pregunta deba ser: ¿necesitamos empresas? Para mí es la gran pregunta. Estas instituciones arrastran demasiados lodos del planteamiento maquinal como para afrontar los requerimientos de la sociedad en la que vivimos.

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  2. David de Ugarte

    El tema, creo yo, o al menos lo que nos está funcionando en [[e4]] es separar dos planos: uno de pura [[comunidad]], [[lógica de la abundancia]] y por tanto [[plurarquía]], que vive deliberativamente: [[e4]]

    Bajo él los [[nodo|nodos]] que son en realidad las subcomunidades económicas. Este es un terreno de escasez auque evitemos en todo lo posible la [[generación artificial de escasez]]. Para los nodos por tanto la [[democracia económica]] es el menos malo de los principios rectores.

    Cada nodo crea y utiliza empresas, es decir una contabilidad y una figura jurídica, cuando es necesario (es decir, cuando un proyecto requiere una cierta autonomía),

    [[Las Indias]] es un nodo, es decir, un grupo de personas que trabaja en comunidad y se organiza democraticamente, que tiene varias empresas: la propia Sociedad de las Indias, pero también Feed the Ivy SL (otra empresa, participada).

    Fíjate que realmente la empresa, en el sentido de la estructura jurídica, queda muy abajo, es algo muy instrumental y en el fundo muy vacío. Las personas van, vamos, arriba.

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  3. Gonzalo Martín

    En la legislación española se pueden establecer mecanismos de transmisión mortis causa en los estatutos otorgando a los socios un derecho preferente sobre los herederos: tienes que pagarles un valor por las acciones. Hay muchas cosas que se pueden pactar dentro de la ley para dar preferencia a los que han trabajado sobre los herederos.

    Pero todos los mecanismos que planteas, ya se daban en Arthur Andersen mucho antes de Enron y antes de que se desvirtuara demasiado por culpa de la consultoría.

    a) todo el mundo podía llegar a socio, se le reconocía una carrera profesional.

    b) sólo podían llegar unos pocos, los que por el camino no valen (de acuerdo con un sistema de evaluación bastante ecuánime, con bastantes contrapesos para evitar ojerizas o amiguismos), no son despedidos, sino que tienen tiempo de marcharse, la empresa les ayudaba a recolocarse y nunca eran dejados en la calle: eran futuros clientes.

    c)los socios tenían su jerarquía, pero todos tenían su voto. la jerarquía venía por el sueldo, basado en la antiguedad y el mérito.

    d) al ser socio, las leyes de cada país se adaptaban a un pacto de un trust residente en Suiza que era propietario del nombre y gestionaba un fondo de pensiones para los socios jubilados. El peso en la gestión de este fondo y el trust estaba ponderado por el tamaño y la aportación de cada organización (podemos llamarlo nodo, pero coincidía con cada país).

    e)los socios de los países que ganaban dinero soportaban a los que tenían pérdidas cuando se daban.

    f) los socios eran jubilados obligatoriamente (a veces se alargaba con trucos) a una edad para dejar sitio a nuevos socios. Y cobraban una estupenda pensión el resto de sus días además de obtener muchos trabajos en el exterior como consejeros de otras sociedades interesados en sus conocimientos y reputación.

    El modelo para tener éxito se basaba en: que la pirámide se mantuviera en forma de pirámide y no engordara por donde no debía. Eso quería decir que los años malos eran complicados, pues suponía prescindir de más gente de la que se quiere. Como la base del deseo de llegar arriba era la carrera de sueldos (subidas muy elevadas cada año), no hacer una escabechina implicaba crecimiento constante para quehubiera sitio ensanchando la pirámide.

    Internamente funcionaba como una jerarquía militar. Cada año de antigüedad daba un galón que se usaba para asumir la responsabilidad frente a los equipos. Tenía un código ético escrito que abarcaba hasta la vestimenta. Muy conservador, por cierto.

    Vale mientras tengas la gente más lista del mercado y los que entran asuman que su carrera de sueldos va más rápida dentro que fuera. De esa forma, los que tienen que salir saben que su sueldo sube, pero que su velocidad de crecimiento se estanca una vez fuera. Como son gente lista por selección y por experiencias (los mejores clientes), pues siempre tienen demanda.

    Esto era una red internacional, que promovía movimientos entre “oficinas” y pasaba clientes de unos países a otros. ¿Filé? ¿Neoveniciana? ¿Democrática? Los socios al final eran propietarios de una idea que debían pasar a los siguientes. Ningún familiar podía heredar las acciones.

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  4. David de Ugarte

    Justamente diría que apuntas la diferencia en tu propia descripción:

    1, El equipo se reducía o aumentaba en función del volumen de contratación de la empresa, en vez de al revés, lo que a su vez se sostenía en que

    2. Los socios eran una minoría en

    3. una pirámide

    3 motivos por los que Andersen no puntuaba como democracia económica. Como empresa transnacionalizada sólo puntuaba tangencialmente por un problema similar de porcentajes

    Eso sí, la idea de que a través de la propia legislación se puede hacer que la propiedad no sea heredada sino que quede en la siguiente generación de miembros es muy interesante. También la de la fundación suiza, que he estado estudiando, por cierto y es un formato legal interesantísimo.

    Por cierto, Andersen en España no tuvo un problema legal porque un grupo de socios querían quedarse las acciones de la consultora y hubo un cisma?

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  5. Gonzalo Martín

    No exactamente, si la memoria no me falla. En realidad, el problema era el de siempre: cómo se reparte el dinero. Y cómo se reparte el poder, claro.

    Los consultores facturaban mucho más porque su negocio era de volúmenes altísimos y, en aquél tiempo, de márgenes estratosféricos: cómo comíamos, cómo bebíamos y cómo dormíamos los de a pie.

    Pero los auditores decían que ellos habían financiado el negocio cuando no era nada de sus beneficios y reclamaban mantener un reparto favorable en su favor, con menor tamaño.

    Puesto que se jugaban mucho más en la consultoría que en la auditoría, se creó un conflicto de intereses: la auditoría tiene un valor inspector y de reputación con consecuencias para terceros, ¿cómo ensuciar con salvedades al que te da miles – miles – de millones en ponerle los programas de ordenador (siempre licencias y parametrización, claro)?

    Así que las regulaciones internacionales terminaron de resolver el conflicto político obligándoles a separarse, con regocijo para los consultores de todas las grandes firmas. Hoy son sociedades que cotizan en bolsa su mayoría. Y queda algo de la mística del socio, pero no es lo que era.

    En el caso español fue tal la tensión por el poder y por el cumplimiento de la tradición de la firma que terminó en golpe de estado. Se echó al creador del negocio de consultoría y éste montó su empresa. Y fracasó.

    ¿Debieran haber tenido un sistema de secesión pactado? ¿Quién se queda con los clientes? El problema es que el cliente decide sólo, pero la lucha por mantenerlos se vuelve muy mala para las partes, por lo que es mejor pactar. Si no, es fraticida y el cliente se ve en la peor de las situaciones, que tiene que elegir. A veces es leal a un consultor, a veces manda a ambos a la porra.

    Con acuerdos parasociales y pactos de recompra obligatorios creo que cualquier abogado mercantil puede resolveros la papeleta y que los accionistas sólo sean los que estén aceptados durante el tiempo que lo estén. En C&L España tenían un sistema muy perverso: todas las decisiones se tenían que tomar por unanimidad de ¡44 socios!. Un horror. Legalmente no era así porque la ley lo impedía, así que formalmente requerían el acuerdo del 90% de la junta. Pero lo cachondo es que cada uno era “dueño” de su facturación y cada año se aumentaban o disminuían el número de acciones – y de votos, curioso con la unanimidad – en función del resultado. Ese acuerdo lo tenía un comité de socios que tenía a gala que todas sus decisiones siempre fueron aceptadas sin críticas, es decir, que se esforzaba por ser ecuánime y reforzar su papel institucional.

    En fin, todo este rollo para decir que con el derecho vigente podéis inventar muchas cosas en las indias.

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  6. David de Ugarte

    Y no sabes lo que me alegra!

    De hecho eso es lo más importante que tenemos en la maleta de este año: hacer todo lo necesario, bajo una buena asesoría jurídica, para culminar en contratos la evolución democrática indiana.

    ¿Nos recomiendas algún mercantilista que haya hecho antes cosas similares? (Como ordenar una consultora para que las acciones sean de los directivos que a su vez las tienen que traspasar obligatoriamente cuando dejan de serlo, o disolver la propiedad de las firmas donando las acciones a una fundación, por ej).

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  7. Gonzalo Martín

    Los abogados que conozco van a levantar las cejas ante tanto libertario suelto :-) . Son gente muy práctica, por otro lado e irán al grano.

    Déjame que haga alguna consulta y te contesto por mail, ¿ok?

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  8. David de Ugarte

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