De la ética gremial al valor del trabajo
El Sur europeo y en especial la península ibérica siguen llenos de ceremonias ceremonias medievales a su vez ligadas a tradiciones y rituales precristianos: desde los pescadores de Lekeitio inclinando el santo en el mar en el Kilin-Kala hasta el papel de las hermandades en origen de la Semana Santa andaluza, todo nos remite a los orígenes del viejo mundo gremial.
Los gremios, junto con sus cofradías y hermandades de socorro, se extendieron por toda Europa en el siglo XIII con el renacer urbano, pero aquel estallido fue el producto directo de la evolución de los collegia del Bajo Imperio y cuando no, de su recuerdo, de un modo similar al que nos hace decir que la opera nace como un intento de recuperación del teatro griego.
En la escuela nos enseñaron la historia de los gremios desde la mirada de sus críticos del siglo XVIII y XIX, cuando estaban ya terriblemente anquilosados, jerarquizados hasta la esclerosis y eran un freno al desarrollo de la la libertad de movimientos y la homogeneización de la fuerza de trabajo que se requería para el éxito de la industrialización. Pero evidentemente no habrían sobrevido durante más de 500 años ni dejado una huella cultural tan profunda si no hubieran significado mucho más para todas las generaciones que implicaron.
De hecho los gremios eran mucho más que esas estructuras de disfrute de privilegios que monopolizaban las actividades artesanas de las ciudades. Cada gremio era en realidad una comunidad de conocimiento. La estructura entera de la comunidad giraba en torno a su transmisión. Conocimiento que era, en parte, técnico especializado, pero que se ligaba a una ética del trabajo particular, a la construcción de un discurso moral desde el simbolismo de las herramientas y la cotidianidad.
Un recuerdo de aquel denso mundo simbólico se ha conservado en los rituales, evolucionados e idealizados de la carbonería o la masonería, precisamente porque, aún manteniendo el ceremonial gremial, se transformaron durante los siglos XVII y XVIII en asociaciones universales, abiertas a todos los hombres libres y de buenas costumbres.
Todo esto suena tremendamente friki hoy, cuando si escuchamos la palabra profesional no pensamos en alguien que profesa, que ejerce un trabajo ligado a un conocimiento específico de grupo al que ha accedido mediante unos votos y una transformación personal que es ante todo moral. Pero es central para entender la lógica de la cohesión social del Antiguo Régimen.
Esa lógica de cohesión representaba un evidente freno al desarrollo del mundo industrial y nacional. Las identidades que generaba la tradición gremial eran densas, vivían en un universo de significados plenos y lógica de comunidad real que no aceptaría facilmente el mundo más plano de mercados abstractos, homogeneización del propio trabajo desvinculado de todo sentido moral y de construcción, del mundo de las naciones y la burguesía.
Dos testigos de la parte final de esta época de transición nos han legado un relato impagable de la violencia social que fue necesario ejercer para destruir aquella ética del trabajo. El primero era un filósofo alemán y ateo quién en su Manifiesto de 1848 hace una referencia explícita al ascenso de la burguesía y la destrucción del sistema gremial:
Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar.
El otro es el Papa León XIII en su famosa encíclica Rerum Novarum:
Es urgente proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de condición humilde, pues es mayoría la que se debate indecorosamente en una situación miserable y calamitosa, ya que, disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores. Hizo aumentar el mal la voraz usura, que, reiteradamente condenada por la autoridad de la Iglesia, es practicada, no obstante, por hombres condiciosos y avaros bajo una apariencia distinta. Añádase a esto que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios.
En los dos casos se apunta a lo que realmente dolía y destruía identidades: el paso del maestro gremial al obrero cualificado significaba fundamentalmente la ruptura de la relación entre visión del mundo (valores, creencias religiosas, sistema moral, sentido de la propia vida, es decir, todo lo que constituye una cultura comunitaria) y el hecho de trabajar, reducido ahora al mero intercambio de tiempo de trabajo por dinero.
Es por eso, que Juan XXIII y la doctrina social de la Iglesia darán como ejemplo una y otra vez al artesanado y las cooperativas como:
creadoras de auténticos bienes y [que] contribuyen eficazmente al progreso de la cultura
Y es que es triste hoy visitar empresas. Es triste respirar su panorama moral, ver como el sentido del trabajo de los que a ellas dedican su vida transmite un agotador vacío sólo salvable por aquellos que han entendido que la única moral válida para prosperar en una gran organización está a medio camino entre Falcon Crest y Lucrecia Borgia. Es eso lo que se suele pensar como empresa. La empresa que despojada de comunidad intenta recuperarla sin éxito en una sociedad que añora y busca formas de hacer del trabajo una forma de cohesión social.
Tal vez ha llegado el momento en que es necesario que las empresas y los oficios vuelvan a profesar. El momento de que recuperemos el sentido social del trabajo de cada cual, de que asumamos de una vez que sólo en la comunidad crece el conocimiento y que este conocimiento no puede ser sólo técnico, porque si hay que ponerle un adjetivo es humano, es decir, que ha de contener un significado social, una ética del trabajo y una visión del mundo. Las empresas, si quieren proveer bienes verdaderos, han de ser filé.

Inspirador… Solo me queda la pregunta en el fondo: Donde empezar? Me gustaria tener la oportunidad de vivir de esta manera. Por lo que he visto los E4 vienen de un proceso sui generis, de una comunidad conversacional en transformacion… Segun la experiencia de los historica gremios podemos decir que las comunidades deliberadamente se construyen?, o estas emergen de la interaccion? La pregunta sempiterna del huevo o la gallina?
Omar Acosta el 03/03/09 a las 11:14 | Permalink } else {?>Inspirador… Solo me queda la pregunta en el fondo: Donde empezar? Me gustaria tener la oportunidad de vivir de esta manera. Por lo que he visto los E4 vienen de un proceso sui generis, de una comunidad conversacional en transformacion… Segun la experiencia de los historica de los gremios, podemos decir que las comunidades deliberadamente se construyen?, o estas emergen de la interaccion? La pregunta sempiterna del huevo o la gallina?
Omar Acosta el 03/03/09 a las 11:19 | Permalink } else {?>Cuando la comunidad conversacional decide que su futuro es convertirse en [[filé]] no sólo tenemos ya una estructura económica curtida desde 2002, sino que sobre todo tenemos un fondo, una cultura, que viene desde 1989.
En ese marco te diría, que al menos por nuestra experiencia, la interacción en la discusión y el desarrollo de una cultura común son los que te permiten en un momento dado, cuando como comunidad tiene ya cierta madurez, establecer un modo de organización y relación que a su vez interpreta el propio trabajo dentro de una cierta visión consensuada del mundo, de un proyecto compartido basado en un sistema de valores común.
Poreso creo que es más fácil que se conviertan en [[filé]] comunidades conversacionales que empresas, precisamente porque lo difícil no es construir una máquina social que genere dinero en el mercado (y ya es difícil), lo difícil es consensuar una visión del mundo que en si misma aporte y que permita entender el trabajo de cada uno como algo más que una forma de acumular beneficios para unos accionistas invisibles y abstractos.
De todas formas, no quiero dejar de creer que las empresas ya existentes pueden transformarse, pueden cambiar su cultura y pasar a ser algo enriquecedor para su gente y su entorno. Tampoco me engaño, será dificil donde se intente y la mayoría tendrá muchos miedos a la hora de plantearse cambiar… Pero desde luego muchas cosas se pueden hacer.
David de Ugarte el 03/03/09 a las 13:41 | Permalink } else {?>Tus comentarios y la experiencia de E4 me hacen recordar algunos conceptos que han sido bien trabajados en occidente, especialmente en Alemania, y que veo de forma patente en lo expuesto:
1. Las instituciones: La construccion de comunidad implica que a partir de la interaccion surgen reglas, normas y estrategias que guian nuestro comportamiento.
2. La democracia deliberativa: concepto que han trabajado autores como Juergen Habermas y Jon Elster. En este aspecto es la construccion de acuerdos y la relegitimacion del orden social a traves de la deliberacion.
3. El Consenso por translapos de John Rawls,especialmente en el contexto de la pluriarquia y de la diversidad, deben surgir algunas metapreferencias que sean desde nuestro punto de vista justas y nos hagan mantener unidos a una comunidad y sus reglas.
Finalmente, estos conceptos aun no han sido articulados al contexto de la sociedad red, y en especial a la emergencia de espacios de interaccion pluriarquicos. creo que vale la pena revisar esto … gracias por la inspiracion.
Omar Acosta el 04/03/09 a las 15:07 | Permalink } else {?>Comparto plenamente tu reflexión. De hecho la idea de democracia deliberativa y la de plurarquía se solapan en muchos ámbitos, lo que ha sido tema de trabajo y discusión cuando andábamos en el [[debate sobre la plurarquía]], en especial con nuestros amigos brasileños.
David de Ugarte el 04/03/09 a las 15:27 | Permalink } else {?>Gracias por la reflexion. En este aspecto me pregunto como hacer el empalme del debate de la pluriarquia y el de la democracia economica
Estamos frente a un dilema complejo, del cual tal vez el paradigma de regulacion de la modernidad (estado nacional, individualismo y leyes) no nos puede dar respuestas, porque este le preexiste, la democracia moderna y liberal nace y se desarrolla como corelato del capitalismo, el humanismo y el individualismo.
La respuesta tal vez esta en lo que mencionas de la Cultura. Ya que la deliberacion crea a traves de la palabra significados comunes, que son la base de la regulacion social cultural sobre la cual se construye la file. La palabra incorpora el significado de la comunidad real (la gente, lugar) y a la imaginada (metapreferencias, creencias).
Omar Acosta el 04/03/09 a las 16:23 | Permalink } else {?>Un comentario sobre el debate de la pluriarqua: Segun lo que interprete en el libro de Bard y Soderquivist, y en conversaciones que he sostenido con Bard; ellos interpretan la democracia como el principio de la decision de las mayorias sobre las minorias, en el sentido mas liberal y general posible. No crei que se han quedado relegados al modelo social del container del estado nacional(tal vez porque lei sobre Bard y Ugarte al mismo tiempo). En su lugar me parece que su obstinacion en describir las relaciones entre la netocracia y el consumariado no les da tiempo para detallar los mecanismos de regulacion de las relaciones sociales pluriarquicas entre netocratas, mas alla de la mencion generica del netiquette.
Omar Acosta el 04/03/09 a las 16:25 | Permalink } else {?>Es que la clave para entender la [[plurarquía]] está en la definición del demos.
Ellos rechazan la plurarquía porque la ven como la forma en que los “listos de clase”, los netócratas, escapan al control de las mayorías democráticas. Ahora ¿mayoría de qué?. La mayoría del estado nacional. El nacionalismo es un implícito en el relato de Bard.
Si le planteas plurarquía en la [[filé]] te dirá que no, que eso es una empresa de netócratas, malvados manipuladores que viven a costa de esa clase media perdedora, el consumariado, que ya ni siquiera puede controlar su entorno ni un poquito con la democracia… porque los malvados netócratas se la han quitado.
Tanto con [[Alexander Bard]] como con [[Augusto de Franco]] la discusión es un camino sin salida porque su demos sigue siendo el demos del estado nacional (o un subconjunto de él) una y otra vez y en él la [[filé]] es un cuerpo extraño e incomprensible.
David de Ugarte el 04/03/09 a las 18:14 | Permalink } else {?>Creo que tienes razon, solo que no soy tan sensible para detectar este tipo de mensajes implicitos. Aunque su critica en algunas discusiones me hacia pensar lo contrario. (especialmente cuando hacen la critica al capitalismo, creo que le hacen la critica al estado nacional)
Respecto a lo que mencionas la definicion del Demos es fundamental, y en mi parecer pasa por la es consecuencia de otro concepto que se relaciona que es la Polis, o en este caso lo que llamariamos “arenas de interaccion”. Estas son muy dinamicas y dificiles de delimitar, pero tu debes saber mas de ello ya que has trabajado en el analisis de redes sociales.
Creo que la Polis en la sociedad red es un espacio subjetivo, que se construye en forma material a traves de la interaccion con “otros” (por eso la lengua es tan importante), y de forma imaginaria en nuestras explicaciones (la cultura)
Omar Acosta el 04/03/09 a las 20:14 | Permalink } else {?>No, no, para nada, la crítica del capitalismo o de lo que ellos creen que es el capitalismo no es para nada una crítica del estado nacional, al revés, es más bien un reproche de su debilidad, como pasaba con los comunistas.
Otra cosa es que compren mística nacional. No lo hacen, [[Alexander Bard]] compra la angloimperial, se enfada cuando descubre que no todo el mundo en Brasil habla inglés, que los flujos comerciales que les preocupan no son con países anglófonos (India, EEUU, GB) sino con países árabes y [[latoc]] de Africa, Asia y América, suelta la estupidez de “se cierran a la globalización”… y su último libro es eso: el discurso de la [[netocracia]] ampliado y partiendo de la asunción de que la esfera informativa anglofona es la esfera informativa mundial y el resto son simplemente gentes que “se cierran”. En fin, un patético colonizado.
Sobre el demos, en la [[filé]] está muy claro. Al existir una base económica es fácil discernir el dentro/fuera porque conlleva derechos y obligaciones en la relación comunitaria. No ya sólo en [[e4]], sino en los [[muridíes]], la determinación del demos en cada momento es evidente para los miembros.
Otra cosa son los procesos que dan lugar al nacimiento de filés desde comunidades conversacionales. Esas si que tienen fronteras borrosas, aunque incluso hay quien quien ha desarrollado cierta axiomática para delimitarlas.
Pero sí, desde luego que las comunidades conversacionales dejan en herencia a las filés que les suceden fronteras amplias, de campo, como lengua.
David de Ugarte el 05/03/09 a las 7:28 | Permalink } else {?>