Crónica desde Madrid
08 jul 2010
10 Comentarios a “Crónica desde Madrid”
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Gonzalo Martín
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JLu
A parte de este minipost – ¿Cuál es vuestra posición sobre el sindicalismo?
Por otra parte, últimamente está naciendo un debate muy interesante en su seno sobre el sindicalismo global, que parece que va más allá del clásico internacionalismo. Hay personas que empiezan a plantear superar la tradicional organización en los Estados-Nación.
Un saludo.
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JLu
Gracias por la respuesta, es que vuestras posiciones me resultan siempre muy interesantes y hacen que repiense y vea de otra forma muchos temas que me plantean dudas.
Parece que poco a poco voy entendiendo vuestras ideas, acabo de leer de De las naciones a las redes y me ha resultado interesantísimo. Ahora mismo estoy con La era del diamante que veo que para vosotros es un clásico.
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JLu
Claro, en un tipo de empresa así no se plantean esos problemas, la verdad es que es un modelo muy bueno.
Es que por un lado, pienso que se han convertido en una institución más de control, pero por otro, creo que en la empresas en las que existe división capital-trabajo no se puede dejar todo a la buena fe del contratador. No digo que tenga que ser un sindicato, necesariamente y organizado como los actuales, pero sí que debería de existir algún tipo de organización que pueda evitar abusos.
Gracias por toda la información.
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JLu
Claro, con una forma de organización así no surge ese problema.
Yo por un lado creo que los actuales sindicatos son un instrumento de control más, pero por otro, sí que creo necesaria la existencia de alguna figura que medie y equilibre la relación capital-trabajo. No creo que necesariamente tenga que ser un sindicato y menos organizados como lo están actualmente, pero sí que debe haber alguna forma de organización que evite lo problemas y desequilibrios que surgen en los lugares de trabajo.
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Isabel
No pertenezco a esa mayoría qa la que el partido le ha servido para desgañitarse y me relaciono con la patronal… ¿Es grave doctor?
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Isabel
Una a veces en su afan exlorador se mete donde no debe, pero de todo se aprende (y mucho). A los calificativos cariñósos a la gran patronal le sunaría otros dos: miopes y torpes. Empiezan a pensar que algo pasó en el futuro que fue ayer, pero aún no saben qué.
La otra gente, la que monta empresas son mi esencia y mi debilidad.
¿Ya? ¿Les han llegado a creer alguna vez? Pongamos que seguramente no en los últimos diez años y me quedo corto, seguro. Haré sociología de cuarto de estar: las famosas huelgas generales que triunfaron fueron huelgas mediáticas, huelgas contadas por los miedos o con gente asustada por su “memoria histórica”: esa que queda en las familias de que mejor evitar follones por lo que pueda pasar y si un astuto sindicalista corta la tele a las doce de la noche mejor quedarse en casa por si hay tiros. ¿El público se las creía? Casi las veía como una forma de tener una excusa para un día de asuntos propios, militantes acérrimos aparte.
Me atrevo a decir algo; en la ultima huelga general contada la influencia del internet llamado social era mínima o inexistente. El que quiera vender humo de parálisis lo va a tener complicado: vender una versión de las cosas se vuelve difícil y el desenlace de la del metro de Madrid, esa especie de ensayo general, lleva a pensar que no. Y que alguien puede plantearse seriamente con mínimas dosis de liderazgo emular a Margaret Thatcher. A su manera, los controladores de vuelo han sido decapitados sindicalmente.
Un repaso a la red de privilegios sindicales por su condición de “mayoritarios” puestos todos seguidos nos mostraría cómo son una cara más del estado nacional en su peor variante en forma de señuelo de conciencia crítica.
La verdad es que si una persona normal mira a un sindicato o a una patronal y llega a pensar que tienen algo que ver con su vida y con lo que precisa para ganársela, sólo puede ser porque está a sueldo de alguno de ellos.