Barack Obama: el sacrificio de la palabra
21 ene 2009
El discurso de toma de posesión de Barack Obama marca el retorno de lo sagrado a la política. Es una joyita retórica, un homenaje en cada párrafo a una gran figura de la tradición oratoria norteamericana: Jefferson, Lincoln, Martin Luther King… Todos estaban ayer en el verbo pausado del cuadragésimo cuarto americano que asumía la presidencia de los Estados Unidos. Con su vuelta, la retórica clásica renace para sorpresa de muchos.
Muere, una vez más, el sesenta y ocho. El desaliño como vestido de la sinceridad. Porque la sinceridad, cuando brama desde las máquinas del poder, suena ya, universalmente, a cinismo.
Es época de sacrificios, porque sacrificar algo es hacerlo sagrado, reconocer su trascendencia, asumir su poder creador.
Tenemos mucho que sacrificar. Tenemos muchas palabras por sacrificar.
Sacrificar las palabras, retornar a su voluntad taumatúrgica, es el primer paso para un hacer que no sea mero transitar. Es aferrarse a la voluntad que genera oportunidades para escupir sobre cualquier oportunismo. Es ser dramático. Es sentir, proclamar, alzar, erguirse. Es desterrar de una vez las frivolidades, las falsas cercanías, el sentimentalismo vano, las tendencias y las modas. Sacrificar la palabra es hablar para decir algo, para comprometerse.
Podemos crear. Pero crear es construir. Es perseverancia más que genialidad. Inteligencia más que expresividad. Crear es esforzarse, superarse, ser paciente. Crear no tiene glamour.
Por eso sacrificar es sacrificarse. Entenderse sagrado. Entender así a los demás y a la comunidad que construimos. Asumir a los dioses. Asumir que somos, antes que cualquier otra cosa, una voluntad. Y que por ello valen nuestras palabras. Porque son, más que ninguna otra cosa, sagradas.
Jop, te ha quedado muy papal! Pero muy sustancioso e inspirador. Me aplico el post y lo hago mío